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miércoles, 6 de mayo de 2009

Ella trata a sus padres cariñosamente

La mujer musulmana que haya abrazado los valores del Islam es amable y respetuosa hacia sus padres, los trata bien y escoge los mejores modos de hablar y tratar con ellos. Ella les habla con toda cortesía y respeto, y los rodea con toda la honra y cuidado, bajando el ala de la humildad para ellos, como fue ordenado por Allah en el Corán. Ella jamás pronuncia una palabra de desprecio o queja hacia ellos, no importa cuáles sean las circunstancias, siempre hace caso a las palabras de Allah :

[Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto. Trátales con humildad y clemencia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño.] (17:23-24)

Si uno de los padres, o ambos a la vez, están desviados del verdadero Islam de alguna manera, la hija musulmana respetuosa debe aproximarse a ellos de una manera gentil y sensible para disuadirlos de su error. No debe condenarlos duramente, sino tratar de convencerlos con pruebas sólidas, palabras prudentes y paciencia, hasta que ellos vuelvan hacia la verdad, en la cual ella cree.

A la mujer musulmana se le pide tratar a sus padres bien, aunque sean mushrikûn. Ella no olvida que está obligada a tratarlos bien a pesar de su shirk (idolatría). Aunque sabe que el shirk es el peor de los pecados, esto no le impide tratar a sus padres como corresponde, de acuerdo a la extraordinaria tolerancia de la Sharî‘ah del Islam.

[Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis. Si vuestros padres se esfuerzan por hacer que Me asociéis copartícipes no les obedezcáis, pues es sabido que carecen de fundamento válido, pero tratadles con respeto. Seguid el camino de los piadosos, pues ante Mí compareceréis y os informaré de lo que hacíais.] (31:14-15)

El afecto y respeto hacia nuestros padres es una cuestión importante en el Islam, pues surgen del más vigoroso de los vínculos humanos, el vínculo de un hijo para con su madre o padre. Pero este lazo o vínculo, al ser tan grande, debe situarse en segundo término después de los vínculos de fe. Si los padres fueran mushrikûn, y ordenarán a su hijo o hija a unirse a ellos en su shirk, en esta circunstancia el hijo o hija no deberá obedecerlos. No hay obediencia a un ser creado que ordene desobedecer al Creador; ningún otro vínculo puede substituir al de la fe y la creencia en Allah . Sin embargo, los hijos, todavía están obligados a honrar y cuidar de sus padres.

La musulmana es afectuosa y respetuosa con sus padres, en todas las circunstancias, y no escatima ningún esfuerzo para hacerlos felices, tanto como pueda y enmarcado dentro de los límites del Islam.

Por tal razón, se asegura de su bienestar regularmente, ofreciendo sus servicios, visitándolos a menudo y saludándolos con una sonrisa jovial, un corazón cariñoso, encantadores regalos y palabras de afecto.

Así es como cuida de ellos durante sus vidas. Después de su muerte, ella demuestra su amor y respeto orando por ellos, dando caridad en su nombre, y cancelando cualquier tipo de deudas que puedan haber tenido con Allah y con terceros.

Tratar a nuestros padres con afecto y respeto es una de las actitudes esenciales de los hombres y mujeres musulmanes. Esta noble actitud debe ser progresiva y continua, no importa cuán elevado sea el costo de vida, y no importa cuánta cantidad de obligaciones y responsabilidades tenga una persona.

Esta postura, es un indicio de las ricas emociones que todavía existen en las tierras musulmanas, Al Hamdulillah, y es una prueba de la gratitud que los hombres y mujeres musulmanes sienten hacia la generación más vieja, la cual hizo tantos sacrificios por sus hijos, cuando ellos necesitaban de palabras afectuosas y consoladoras, y de una mano que los ayudara.

Esta actitud protegerá a la persona, sea hombre o mujer, de la indiferencia y la ingratitud. Lo que es más, les abrirá los portales del Paraíso.

Su madre viene primero, luego su padre

El Islam alentó el respeto y el afecto hacia los padres. Algunos textos tratan sobre la madre y el padre separadamente; pero tomando todos los textos en su conjunto, en realidad, prescriben un saludable balance en la atención de los hijos hacia sus padres, para que el respeto a uno no sea en detrimento del otro. Algunos textos hasta confirman que a la madre se le debe otorgar prioridad por encima del padre.

Cuando un hombre vino a dar la bai‘ah y a ofrecerse para tomar parte del yihâd, el Profeta le preguntó: "¿Alguno de tus padres está vivo?". Esto indica claramente que el musulmán está obligado al buen trato de sus padres por igual. Similarmente, a Asmâ', le fue encomendado mantener contacto con su madre, a pesar de ser mushrikah.

Un hombre fue hasta donde estaba el Profeta y le preguntó: "¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién de entre la gente es el más merecedor de mi buena compañía?" Él respondió: "Tu madre". El hombre preguntó nuevamente: "¿Y luego quién?" El Profeta dijo: "Tu madre". El hombre preguntó por tercera vez: “¿Y luego quién?” El Profeta dijo: “Tu madre”. El hombre preguntó de nuevo: "¿Y luego quién?" El Profeta dijo: "Luego tu padre".10

Este Hadîz confirma que el Profeta dio prioridad al tratamiento amable a nuestra madre por encima del tratamiento amable para con el padre, y los Sahâbah solían recordar esto a los musulmanes, después de la muerte del Profeta . Ibn ‘Abbâs, un gran sabio y faqîh de esta Ummah, consideró el tratamiento afectuoso a la madre como la mejor obra que nos acerca a Allah . Cierta vez, un hombre se presentó ante él y dijo: "Pedí la mano de una mujer para contraer matrimonio, y ella me rechazó. Otra persona le pidió la mano y ella aceptó y se casó con él. Me sentí celoso, así que la maté. ¿Acaso podrá ser aceptado mi arrepentimiento?” Ibn ‘Abbâs le preguntó: "¿Tu madre aún está con vida?" Él contestó: "No". Entonces le dijo: "Arrepiéntete ante Allah y haz lo mejor posible para estar más próximo a Él”.

‘Atâ' Ibn Iasâr, quien narró este relato de Ibn ‘Abbâs, dijo: "Fui y pregunté a Ibn ‘Abbâs: ‘¿Por qué le preguntaste si su madre aún vivía?’ Él contestó: ‘Porque no conozco otro acto que acerca más a la gente a Allah que el trato amable y el respeto hacia la madre’".11

El Imâm Al Bujâri abre su libro Al Adab Al Mufrad con un capítulo sobre el respeto y la amabilidad hacia los padres (birr al uâlidain), en el cual coloca la sección sobre el buen trato a la madre antes de la sección del buen trato para con el padre, algo compatible con las enseñanzas del Profeta al respecto.

El Corán evoca sentimientos de amor y respeto en el corazón del hijo o hija, y lo alienta a él o a ella a tratar bien a sus padres. Por otra parte, se refiere a la madre de una manera más gentil y compasiva, otorgándole prioridad por el embarazo, el amamantamiento, y los dolores y molestias que sufre durante esos dos estados. Reconoce además su noble sacrificio y su gran ternura y cuidado.

[Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis.] (31:14)

¡Qué enseñanza tan suprema! ¡Qué humana y compasiva dirección! [Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres...] Mostrar gratitud a los padres por lo que han hecho por sus hijos viene en segundo lugar, precedido solamente por la gratitud hacia Allah , y esto constituye uno de los mejores actos honrados que podamos realizar. ¡Qué elevada condición otorgó a los padres esta religión!

Ibn ‘Umar vio a un hombre yemení circunvalando la Ka‘bah, mientras llevaba a su madre. El hombre le dijo: "Soy como un camello domesticado para ella: La he cargado más de lo que ella me ha cargado. ¿Tú piensas que se lo compensé ¡Oh, Ibn ‘Umar!?” Él contestó: "No, ni siquiera una contracción".12

Cada vez que ‘Umar Ibn Al Jattâb veía el ejército del Yemen les preguntaba: "¿Hay algún Uais Ibn ‘Âmir entre vosotros?” Hasta que al fin encontró a Uais, entonces le preguntó: "¿Eres tú Uais Ibn ‘Âmir?" Uais contestó: "Sí". ‘Umar preguntó: "¿Eres tú del clan de Murâd en la tribu de Qaran?" Uais respondió: "Sí". ‘Umar le preguntó: "¿Tú tuviste lepra y luego te curaste de ella, a excepción de un área (de su cara) del tamaño de un dirham?". Uais respondió: "Sí" ‘Umar le hizo una última pregunta: "¿Tienes madre?" Uais contestó: "Así es". Luego, ‘Umar dijo: "Escuché al Mensajero de Allah decir: 'Vendrá a ti con el ejército del Yemen un hombre llamado Uais Ibn ‘Âmir del clan de Murâd de la tribu de Qaran. Él tuvo lepra pero fue curado de ella, excepto por un grano del tamaño de un dirham. Él tiene una madre, y siempre la ha tratado con afecto y respeto. Si él implora a Allah, Allah cumple su deseo. Si tú puedes pedirle que pida perdón, entonces hazlo.' Por eso pide a Allah que me perdone". Entonces, Uais pidió a Allah que lo perdonara. Luego, ‘Umar le preguntó: "¿Dónde vas?". Uais le contestó: "A Al Kûfah" ‘Umar le dijo: "¿Debo escribirte una carta de recomendación para el gobernador de Al Kûfah?" Uais le respondió: "Yo prefiero ser anónimo entre la gente."13

¡Qué condición tan elevada alcanzó Uais por la virtud de su afecto y respeto hacia su madre, para que el Profeta recomendara a sus Sahâbah buscarlo y pedirle que orara por ellos!

Todo esto señala la elevada condición a la que el Islam ha realzado la posición de la maternidad, pues otorgó prioridad a la madre sobre el padre. Al mismo tiempo, el Islam concedió una gran importancia a ambos padres, y prescribió el afecto y el respeto para ambos.

Una mujer puede disfrutar una vida de tranquilidad y holgura en la casa de su marido, y puede mantenerse tan ocupada con su marido y sus hijos, disponer de poco tiempo para compadecerse de sus padres, visitarlos para ver cómo están, y tratarlos bien. Pero la verdadera musulmana está a salvo de estos graves errores, al leer las recomendaciones del Corán y la Sunnah en lo relativo a los padres. Por eso les presta la debida atención visitándolos a menudo para ver cómo se encuentran, y esforzándose en tratarlos bien, siempre que su energía, tiempo y circunstancias se lo permitan y tanto como ella pueda.



10 (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 13/4, Kitâb al birr ua as silah, bâb birr al uâlidain.

11 Relatado por Al Bujâri en Al Adab Al Mufrad, 1/45, bâb birr al umm.

12 Relatado por Al Bujâri en Al Adab Al Mufrad, 1/62, bâb yazâ' al uâlidain.

13 Sahîh Muslim, 16/95, Kitâb fadâ'il as sahâbah, bâb min fadâ'il Uais Al Qarani.

Ella es extremadamente cuidadosa de no desobedecerlos

Así como a la musulmana le urge tratar a sus padres con afecto y respeto, también es temerosa de cometer el pecado de desobedecerlos, al darse cuenta de la enormidad de este pecado, el cual es contado como uno de los mayores pecados (Al kabâ'ir). Ella es consciente del aterrador cuadro que el Islam pintó de una de las personas que desobedecieron a sus padres, y esto le hace revolver su consciencia y suavizar cualquier aspereza del corazón o sentimiento severo que puede estar albergando en su corazón.

El Islam establece una comparación entre la desobediencia a los padres y el crimen de asociar copartícipes a Allah , así como establece un vínculo entre la verdadera fe en Allah y el tratamiento respetuoso a los padres. La desobediencia hacia nuestros padres es una falta horrenda que la verdadera musulmana odiará cometer, al ser el más grande de los pecados mayores y el peor de los errores. Abû Bakrah Nufai‘ Ibn Al Hâriz dijo:

"El Mensajero de Allah nos preguntó tres veces: '¿Acaso os debo decir cuál es el mayor de los pecados?'. Nosotros dijimos: ‘¡Sí, Mensajero de Allah!". Él dijo: 'Asociar copartícipes a Allah y desobedecer a vuestros padres'".9



9 (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 13/15, Kitâb al birr ua as silah, bâb tahrîm al ‘uqûq.

Es afectuosa y respetuosa hacia sus padres, aunque no sean musulmanes

El Profeta elevó sus enseñanzas hacia un nuevo pico, cuando prescribió a sus seguidores tratar a sus padres con afecto y respeto, aunque fueran adeptos a otra religión. Esto está claro en el Hadîz de Asmâ' Bint Abî Bakr As Siddîq , quien dijo:

"Mi madre vino a mí, y ella era una mushrikah, en la época del Profeta . Entonces, le pregunté al Profeta : 'Mi madre ha venido a mí y necesita mi ayuda ¿Debo ayudarla?’ Él contestó: ‘Si, mantén contacto con tu madre y ayúdala’"8

La verdadera musulmana que comprende el significado de esta guía coránica y las enseñanzas del Profeta , no puede sino ser la mejor y la más afectuosa entre todas las personas hacia sus padres, en todo momento. Ésta era la práctica de los Sahâbah, y de quienes los seguían con sinceridad. Un hombre le preguntó a Sa‘îd Ibn Al Musaiiab : "Comprendo todas las aleyas acerca de la amabilidad y respeto hacia los padres, con la excepción de la frase [...háblales con dulzura y respeto...] ¿Cómo puedo hablarles con dulzura y respeto?" Sa‘îd le contestó: "Significa que debéis dirigiros hacia ellos como el siervo se dirige a su amo." Ibn Sîrîn solía hablar a su madre con una voz suave, como la de una persona enferma, por respeto a ella.



8 (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 13/13, Kitâb al birr ua as silah, bâb silah al uâlid al mushrik.

Ella reconoce sus condiciones y conoce sus deberes hacia ellos

Por su lectura del Corán, la musulmana comprende la elevada condición en la que Allah ha colocado a los padres, y ésta es una condición que la humanidad nunca conoció excepto en el Islam, pues ha colocado el respeto por los padres un escalón por debajo de la creencia en Allah y la verdadera adoración a Él. Muchas aleyas del Corán describen la complacencia de los padres como en segundo término, después de la complacencia a Allah , y confirma que el buen trato a los padres es la mejor de las buenas acciones después de tener fe en Allah .

[Adorad a Allah y no Le asociéis nada. Sed benevolentes con vuestros padres...] (4:36)

Por tal razón, la musulmana que realmente comprende las enseñanzas de su religión es más afectuosa y más respetuosa hacia sus padres que ninguna otra mujer en el mundo. Esto no se detiene cuando abandona su hogar para casarse y tener su propia familia, y lleva su propia vida independiente y ocupada. Su respeto y cariño hacia sus padres siguen en curso, y permanecerá como una parte de su comportamiento hasta el fin de su vida, de acuerdo con la enseñanza coránica que ha prescrito el tratamiento amable hacia nuestros padres de por vida, especialmente cuando llegan a mayores y se vuelven incapacitados, y tienen mayor necesidad de palabras amables y de un buen cuidado:

[Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto. Trátales con humildad y clemencia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño.] (17:23-24)

La mujer musulmana cuyo corazón ha sido iluminado con la luz de la guía coránica, siempre está receptiva y sensible a esta instrucción divina, al leer la aleya que prescribe el buen trato a los padres. Por eso, su afecto y respeto hacia ellos se acrecienta, y siempre está más dispuesta a servirlos. Ella hace todo lo posible para complacerlos aunque tenga un esposo, una casa, hijos, y otras responsabilidades propias.

[Adorad a Allah y no Le asociéis nada. Sed benevolentes con vuestros padres...] (4:36)

[Le he ordenado al hombre ser benevolente con sus padres...] (29:8)

[Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia...] (31:14)

Cualquiera que observe las fuentes islámicas en lo concerniente al tratamiento afectuoso de los padres, encontrará también una abundante cantidad de Ahâdîz que refuerzan el mensaje de las aleyas citadas anteriormente, y reiteran las virtudes de amabilidad y respeto hacia nuestros padres, así como también advierten contra la desobediencia y maltrato hacia ellos por cualquier motivo.

‘Abdullah Ibn Mas‘ûd dijo:

"Le pregunté al Profeta : '¿Cuál es el acto más amado por Allah ?'. Dijo: 'La oración ofrecida a tiempo'. Le pregunté: '¿Y luego cuál?'. Él contestó: 'El afecto y respeto hacia los padres'. Le pregunté nuevamente: '¿Y luego cuál?' Él contestó: 'El yihâd por la causa de Allah ".1

El Profeta , gran educador, colocó el afecto y respeto hacia los padres entre los dos actos más grandes en el Islam: la oración realizada a su debido tiempo y el yihâd por la causa de Allah . La oración es el pilar o fundamento de la fe, y el yihâd es el pináculo del Islam. ¡Qué gran condición otorgó a los padres el Profeta !

Un hombre se presentó ante el Profeta para hacer la bai‘ah y para comprometerse a emprender la hiyrah y el yihâd con la esperanza de recibir la recompensa de Allah . El Profeta no se apresuró en aceptar su bai‘ah, sino que le preguntó: "¿Alguno de tus padres está vivo?". El hombre respondió: "Sí, ambos". El Profeta le preguntó: "¿Y tú deseas recibir la recompensa de Allah ?”. El hombre replicó: "Así es". Entonces el bondadoso y compasivo Profeta le dijo: "Vuelve con tus padres y permanece en su compañía de la mejor manera posible".2

De acuerdo a un relato narrado por Al Bujâri y Muslim, un hombre se presentó y le pidió permiso al Profeta para participar en el yihâd. Él le preguntó: "¿Tus padres están vivos?". El hombre contestó: "Sí". Y el Profeta dijo: "Entonces efectúa el yihâd cuidando de ellos".3

En el medio de los preparativos de su ejército para el yihâd, el Profeta, nunca olvidó la debilidad de los padres y su necesidad de los hijos. Por eso, gentilmente desalentó a este voluntario y le recordó cuidar a sus padres, a pesar de que necesitaba todo el potencial humano disponible para la próxima expedición. Esto resultó así, porque comprendía la importancia del respeto y el tratamiento afectuoso a los padres, y por otra parte, conocía su posición en el conjunto de la estructura islámica que Allah había diseñado para el bienestar y la felicidad de la humanidad.

Cuando la madre de Sa‘d Ibn Abî Uaqqâs objetó a su hijo haber abrazado el Islam, ella le dijo: "Abandona el Islam, o me abstendré de comer hasta morir. Entonces sentirás vergüenza ante los árabes, pues ellos dirán que mataste a tu madre". Sa‘d le dijo: "Deberías saber, por Allah , que aunque tuvieras cien almas, y abandonaran tu cuerpo una por una, yo jamás abandonaría el Islam". Luego Allah reveló una aleya que el Profeta recitó a los musulmanes por la severidad de la réplica a su madre.

[Si vuestros padres se esfuerzan por hacer que Me asociéis copartícipes no les obedezcáis, pues es sabido que carecen de fundamento válido, pero tratadles con respeto...] (31:15)

La historia del devoto adorador Yuraiy, contada por el Profeta , es una vívida ilustración de la importancia del respeto hacia nuestros padres y de estar prestos a obedecerlos. Cierto día, su madre lo llamó mientras estaba rezando, y mientras se preguntaba: "¿Mi Señor, mi madre o mi plegaria?". Él escogió continuar su plegaria (en vez de responder a su madre). Ella lo llamó por segunda vez, pero continuó orando y no le contestó. Luego lo llamó por tercera vez y no le respondió, ella se puso a rezar a Allah diciendo: "No lo dejes morir hasta que no haya visto el rostro de una prostituta". Había una prostituta en esa localidad que había fornicado con un pastor y se encontraba embarazada. Cuando se dio cuenta de que estaba encinta, el pastor le dijo: "Si te preguntan acerca del padre de la criatura, diles que es de Yuraiy, el devoto." Esto era lo que ella contaba a todos, por ese motivo, la gente fue y destruyó el lugar donde él acostumbraba orar. El gobernante lo llevó a la plaza pública, y en el camino, Yuraiy recordó la oración de su madre y sonrió. Cuando lo trajeron para ser castigado, pidió permiso para rezar dos raka‘ât, luego pidió que compareciera el niño y entonces le susurró a los oídos: "¿Quién es tu padre?". El niño contestó: "Mi padre es fulano, el pastor".4 La gente exclamó: "Lâ ilâha illa Allah" y "Allahu akbar" Y luego dijeron a Yuraiy: "¡Reconstruiremos tu lugar de oración con oro y plata". Él dijo: "No, solamente reconstruidlo tal como era, con ladrillos y argamasa." Con respecto a esta historia, recopilada por Al Bujâri, el Profeta dijo: "Si Yuraiy tuviese un conocimiento íntegro, habría sabido que responder a su madre era más importante que continuar su oración".5 Por lo tanto, los fuqahâ' sugirieron que si alguien está rezando una oración nafl, y alguno de sus padres lo llama, está obligado a detener su oración y responderles.

El deber de tratar a los padres con amabilidad y respeto se implantó en la conciencia de los musulmanes, por eso ellos se apresuran en tratar bien a sus padres durante su vida y después de su muerte. Existen numerosos relatos y Ahâdîz que señalan esto. Por ejemplo, el relato que describe cómo una mujer de Yuhainah fue hacia el Profeta y le dijo: "Mi madre hizo la promesa (nadhr) de efectuar el Hayy, pero no la pudo cumplir antes de morir. ¿Puedo realizar yo el Hayy en su nombre?". Él respondió: "Así es. Ve y realiza él Hayy en su nombre. Si supieras que tu madre tiene una deuda, ¿no la cancelarías por ella? Compensa lo que es debido a Allah , porque Allah tiene más derecho a ser compensado".6

De acuerdo a un relato brindado por Muslim, ella preguntó: "Ella debía un mes de ayuno ¿Puedo ayunar yo en su nombre?". El Profeta dijo: "Ayuna en su nombre". Ella dijo: "Ella nunca realizó el Hayy, así que ¿puedo realizar el Hayy en su nombre?". Y él contestó: "Realiza el Hayy en su nombre".7



1 (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 2/176, Kitâb as salâh, bâb fadl as salauât al jams.

2 (Al Bujâri y Muslim), Ver Riâd As Sâlihîn, 191, bâb birr al uâlidain.

3 Ver Riâd As Sâlihîn, 191, bâb birr al uâlidain.

4 Este niño era una criatura de tan sólo unos meses, y fue uno de los tres que hablaron desde la cuna. Los otros dos fueron ‘Îsa Ibn Mariam (Jesús hijo de María) y el niño que estaba junto a su madre entre la gente de Al Ujdûd (La fosa). (Autor)

5 Ver Fath Al Bâri', 3/78, Kitâb al ‘aml fi as salâh, bâb idhâ da‘at al umm ualadaha fi as salâh, y 5/136, Kitâb al madhâlim, bâb idhâ hadama hâ'itan fal iabni gairahu.

6 Ver Fath Al Bâri', 4/64, Kitâb yazâ' as said, bâb al hayy ua an nudhûr.

7 Sahîh Muslim, 8/25, Kitâb as siâm, bâb qadâ' as saum ‘an al maiit.