miércoles, 6 de mayo de 2009

Ella elige a un buen marido

Una de las formas en la cual el Islam ha honrado a la mujer es concediéndole el derecho a elegir a su marido. Sus padres no tienen derecho a forzarla a casarse con alguien que no le agrade. La musulmana conoce este derecho pero no rechaza el consejo y la guía de sus padres cuando un pretendiente potencial se presenta, porque ellos tienen las mejores intenciones de corazón para con su hija, y tienen más experiencia de vida y conocen más a las personas. Al mismo tiempo no renuncia a este derecho entregándose a los deseos de un padre que quiere forzar a su hija a concretar un matrimonio con alguien que no le agrada.

Existen muchos textos que apoyan a la mujer en este sensible tema, por ejemplo el relato citado por el Imâm Al Bujâri de Al Jansâ' Bint Jidâm:

"Mi padre me casó con un sobrino que no me gustaba, por eso me quejé ante el Mensajero de Allah . Y él me dijo: ‘Acepta lo que tu padre ha dispuesto’. Dije: 'Yo no deseo aceptar lo que mi padre ha dispuesto'. Él dijo: 'Entonces este matrimonio es inválido. Ve y cásate con quien desees'. Le dije: 'He aceptado lo que mi padre dispuso, pero quiero que las mujeres conozcan que los padres no tienen derecho en los asuntos de sus hijas (es decir, que no tienen derecho a forzarlas a casarse)".[1]

En primer lugar, el Profeta le dijo a Al Jansâ' que obedeciera a su padre, y así es como debe ser, porque la preocupación de los padres por el bienestar de sus hijas es algo bien conocido. Pero cuando el Profeta se dio cuenta de que su padre quería forzarla a un matrimonio que ella no quería, le dio la libertad para elegir, salvándola de la opresión de un padre que quería forzarla a un matrimonio no deseado.

El Islam no quiere imponer una carga insoportable sobre las mujeres, forzándolas a casarse con un hombre que les desagrada, pues quiere matrimonios exitosos, basados en la compatibilidad entre los cónyuges. Debe haber un terreno en común entre ellos, en términos de parecido físico, actitudes, hábitos, inclinaciones y aspiraciones. Si algo va mal, y la mujer siente que no puede amar a su marido sinceramente, y teme cometer el pecado de la desobediencia y oposición a su marido, a quien no ama, entonces puede pedir el divorcio. Esto fue confirmado en un relato, cuando la esposa de Zâbit Ibn Qais Ibn Shammâs, Yamîlah, hermana de ‘Abudllah Ibn Ubai, se presentó ante el Profeta y le dijo:

"¡Oh, Mensajero de Allah! No tengo nada contra Zâbit Ibn Qais con respecto a su religión o comportamiento, pero odio cometer un acto de kufr siendo una musulmana”. El Profeta dijo: "¿Le devolverás su jardín?" - su dote había sido un jardín. Ella contestó: "Sí." Entonces el Mensajero de Allah envió un mensaje a él: "Toma de vuelta tu jardín, y concédele a ella una declaración de divorcio."[2]

De acuerdo a un relato recopilado por Al Bujâri de Ibn ‘Abbâs, ella dijo: "Yo no culpo a Zâbit de nada, con respecto a su religión o su comportamiento, pero no lo quiero".

El Islam ha protegido la dignidad de la mujer y su humanidad, y ha respetado sus deseos con respecto a la elección de un marido, con quien pasará el resto de su vida. No es aceptable para nadie, (no importa quién sea el pretendiente), forzar a una mujer a un casamiento con un hombre a quien no quiere.

No hay una indicación más precisa de esta situación que la historia de Barîrah, una joven esclava etíope que pertenecía a ‘Utbah Ibn Abî Lahab, quien la forzó a casarse con otro esclavo cuyo nombre era Mugíz, a pesar que ella jamás lo hubiera elegido como marido si hubiera estado en control de sus propios asuntos. Por eso, Â'ishah se apiadó de ella, la compró y la liberó. Así, esta joven mujer se sintió libre, en control de sus propios asuntos, y pudo tomar una decisión sobre su casamiento. De esa manera, pidió el divorcio a su marido. Su marido, solía seguirla llorando, mientras ella lo rechazaba. Al Bujâri cita a Ibn ‘Abbâs para describir a esta mujer liberta, quien insistía en la anulación de su matrimonio con alguien a quien no amaba; el bondadoso Profeta comentó algo al ver esta escena y buscó intervenir.

Ibn ‘Abbâs dijo:

"El esposo de Barîrah era un esclavo conocido como Mugîz. Casi puedo verlo, corriendo tras ella y llorando con lágrimas sobre su barba. El Profeta dijo a ‘Abbâs: '¡Oh, ‘Abbâs! No te sorprendes de cuánto ama Mugîz a Barîrah, y de cuánto odia Barîrah a Mugîz'. El Profeta dijo a Barîrah: '¿Por qué no regresas con él?’ Ella dijo: '¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Acaso estás ordenándome hacer eso?'. Dijo él: 'Estoy tratando simplemente de intervenir en su nombre'. Ella dijo: 'No tengo necesidad de él'"[3]

El Profeta estaba sumamente conmovido por esta demostración de emoción humana: un profundo e irresistible amor por parte del marido, e igualmente un enérgico desprecio por parte de la esposa. Él no pudo ayudar, pero recordó a la esposa y le preguntó por qué no regresaba con él, siendo su marido, y el padre de su niño. Esta mujer creyente le preguntó si le estaba ordenando hacer tal cosa. Este gran legislador y educador que era el Profeta , le replicó que solamente estaba tratando de interceder para promover una reconciliación si fuera posible. Él no estaba tratando de forzar a nadie a hacer algo que no deseara.

Que aquellos obstinados e insensibles padres que oprimen a sus propias hijas escuchen la enseñanza del Profeta .

La musulmana que comprende las enseñanzas de su religión tiene criterios prudentes y correctos cuando debe elegir a su marido. Ella no sólo se preocupa por una buena apariencia, una elevada posición, un lujoso estilo de vida o cualquiera de las otras cosas que atraen a las mujeres habitualmente. Ella examina su nivel de compromiso religioso, su actitud y comportamiento, porque éstos son los pilares de un matrimonio exitoso, y las mejores características de un marido. La enseñanza islámica señala la importancia de estas cualidades en un potencial esposo, así como el Islam prescribe que la mujer acepte la propuesta de cualquiera que tenga estas cualidades, para que no se propague la fitnah y la corrupción en la sociedad:

"Si se os presenta alguien con cuya religión y actitud estéis satisfechos, entonces entregad a vuestra hija en matrimonio, porque si no lo hacéis la fitnah y el agravio se propagarán sobre la Tierra." [4]

Así como el verdadero joven musulmán creyente no debe sentirse atraído por las jovencitas bonitas que crecieron en un ambiente negativo, la joven musulmana guiada por su religión no se sentirá atraída por los estúpidos estereotipos de "playboys", no importa cuán apuestos sean. Más bien, se sentirá atraída por un hombre serio, educado, y creyente; aquel de vida honesta y corazón puro, cuyo comportamiento es bueno y cuya comprensión de la religión es íntegra.

Nadie es un compañero más adecuado para la correcta mujer creyente que un hombre bueno y creyente; y nadie es un compañero más adecuado para la mujer descarriada e inmoral que un hombre descarriado e inmoral, como Allah dice:

[Las perversas sólo son para los hombres perversos iguales que ellas, y los hombres perversos no estarán sino con mujeres perversas iguales que ellos. En cambio, las buenas mujeres tendrán a su lado hombres buenos iguales que ellas, y los hombres buenos sólo tendrán a su lado mujeres buenas iguales que ellos...] (24:26)

Esto no significa que la musulmana deba ignorar completamente el tema de la apariencia física, y soportar a alguien sin atractivo y desagradable. Es su derecho - como se expresó anteriormente- el casarse con un hombre con quien su corazón pueda estar lleno de amor, y que la complazca tanto en su apariencia como en su conducta. La apariencia no debe ser desatendida a expensas de la naturaleza interior, o viceversa. Una mujer debe escoger a un hombre atractivo para ella, en todos los aspectos, alguien que gane su admiración y respeto. La verdadera musulmana nunca se deja deslumbrar por las apariencias exteriores, y nunca deja que estas apariencias, la distraigan de percibir la esencia de un potencial esposo.

La musulmana sabe que el hombre tiene el derecho de qiuâmah sobre ella, tal como el Corán lo menciona:

[Los hombres están a cargo de las mujeres debido a la preferencia que Allah ha tenido con ellos, y deben mantenerlas con sus bienes...] (4:34)

De ahí que quiera casarse con un hombre cuyo qiuâmah sobre ella la haga sentir orgullosa, alguien con quien esté feliz de casarse y nunca se lamente de ello. Un hombre que tome su mano en la suya y demuestre cumplir su misión en la vida, al establecer una familia musulmana y erigir una nueva generación de hijos inteligentes y cautelosos, en una atmósfera de amor y armonía, que no se verá dificultada por actitudes conflictivas o diferencias religiosas. Se supone que los creyentes y las creyentes caminan uno al lado del otro en el trayecto de la vida, lo cual constituye una cuestión seria para la creyente, de manera que puedan cumplir la gran misión que Allah ha encomendado a la humanidad, hombres y mujeres por igual, así como el Corán lo expresa en la siguiente aleya:

[Allah les tiene reservado Su perdón y una gran recompensa a los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y las creyentes, a los piadosos y las piadosas, a los justos y las justas, a los pacientes y las pacientes, a los humildes y las humildes, a aquellos y aquellas que hacen caridades, a los ayunadores y las ayunadoras, a los pudorosos y las pudorosas, y a aquellos y aquellas que recuerdan frecuentemente a Allah.] (33:35)

Con el propósito de lograr este gran objetivo de consolidación del lazo matrimonial y el establecimiento de una vida familiar estable es esencial escoger al compañero apropiado en primer lugar.

Entre las grandes mujeres musulmanas reconocidas por su fuerza de carácter, sus encumbradas aspiraciones y su visión lejana en cuanto a la elección de un marido, se encuentra: Umm Sulaim Bint Milhân, quien fue una de las primeras mujeres Ansâr en abrazar el Islam. Ella se casó con Mâlik Ibn An Nadar, y le dio un hijo llamado Anas. Cuando abrazó el Islam, su esposo Mâlik se enojó con ella y la abandonó, pero ella persistió en su Islam. Poco tiempo después, escuchó la noticia de su muerte, cuando todavía estaba en la flor de su juventud. Ella soportó toda esta situación con la esperanza de la retribución de Allah , y se dedicó al cuidado de su hijo de diez años de edad, Anas. Una vez lo llevo al Profeta para que lo pudiera servir (y así aprender de él).

Cierto día, uno de los mejores jóvenes de Al Madînah, guapo, rico, y fuerte, vino a pedir su mano en matrimonio. Él era Abû Talhah - antes de convertirse en musulmán, muchas de las jovencitas de Iazrib (Al Madînah) gustaban de él, debido a su riqueza, su vigor, y su bien parecido juvenil. Él pensaba que Umm Sulaim gozosamente se apresuraría en aceptar su ofrecimiento, pero para su asombro ella le dijo: "¡Oh, Abû Talhah! Tú sabes que el ídolo que adoras es sólo un árbol que creció en la tierra, y fue tallado con forma por el esclavo de la tribu tal y tal". Él dijo: "Por supuesto." Ella añadió: "¿No te sientes avergonzado de postrarte ante un pedazo de madera que creció en la tierra, y fue tallado por el esclavo de la tribu tal y tal?" Abû Talhah como era obstinado, le insinuó una costosa dote y un estilo de vida lujoso, pero ella persistió en su punto de vista y le dijo francamente: "¡Oh, Abû Talhah! Un hombre como tú no podría ser rechazado, pero eres un incrédulo y yo soy una mujer musulmana. No me está permitido casarme contigo, pero si abrazas el Islam, esa será mi dote (mahr), y no te pediré nada más."[5]

Él volvió al día siguiente para intentar tentarla con una dote más grande, y con un regalo aún más generoso, pero ella permaneció incólume, y su persistencia y madurez aumentaron su belleza ante sus ojos.

Ella le dijo entonces: "¡Oh, Abû Talhah! ¿Acaso no sabes que el ídolo a quien rindes culto fue tallado por el esclavo carpintero de tal y tal? Si le prendieras fuego, seguramente se quemaría". Sus palabras resonaron como una conmoción para Abû Talhah, entonces él se preguntó a sí mismo: "¿Acaso se puede quemar al Señor?" Luego pronunció las palabras: "Ashhadu an lâ ilâha illa Allah ua ashhadu anna Muhammadan rasûl Allah" (la declaración de fe del musulmán).

Entonces, Umm Sulaim dijo a su hijo Anas con una alegría que embargaba todo sus ser: "¡Anas, cásame con Abû Talhah!". De esta manera, Anas dio testimonio y el matrimonio fue formalizado.

Abû Talhah, por su parte estaba tan feliz que estaba determinado a colocar toda su riqueza a disposición de Umm Sulaim, pero la actitud de ella era la actitud desinteresada, digna y sincera de las mujeres creyentes. Ella le dijo: "Abû Talhah, yo me casé contigo por la causa de Allah , y no tomaré ninguna otra dote." Ella sabía que cuando Abû Talhah abrazó el Islam, no sólo había ganado un marido apreciable sino que también ganó una recompensa de Allah mucho mejor que poseer camellos rojos (los de raza más altamente cotizada) en este mundo. Tal como ella había escuchado decir al Profeta :

"Si Allah guía a una persona al Islam por tu intermedio, será mejor para ti que poseer camellos rojos".[6]

Estas grandes mujeres musulmanas son ejemplos dignos de imitación, y de quienes las musulmanas de hoy en día pueden aprender la pureza de su fe, la fuerza su carácter, la integridad de su creencia, y la sabiduría en elegir un buen esposo.



[1] Ver Fath Al Bâri', 9/194, Kitâb an nikâh, bâb ikrâh al bint ‘ala az zauây; Ibn Mâyah, 1/602; Kitâb an nikâh, bâb man zauuaya ibnatahu ua hiia kârihah; Al Mabsût 5/2.

[2] Fath Al Bâri', 3/395, Kitâb at talâq, bâb al jul‘.

[3] Fath Al Bâri', 9/408, Kitâb at talâq, bâb shafâ‘ah an nabi fi zauy Barîrah.

[4] Hadîz hasan narrado por At Tirmidhi, 2/274, Abuâb an nikâh, 3; y por Ibn Mâyah, 1/633, Kitâb an nikâh, bâb al akfâ'.

[5] Relatado por An Nasâ'i con un isnâd sahîh, 6/114, Kitâb an nikâh, bâb at tazuîy ‘ala al islâm.

[6] Fath Al Bâri', 7/476, Kitâb al magâzi, bâb gazuah jaibar.

El matrimonio en el Islam

En el Islam, el matrimonio es un contrato bendito entre un hombre y una mujer por medio del cual cada uno se vuelve "lícito" para el otro, y ambos comienzan el largo viaje de la vida, en un espíritu de amor, cooperación, armonía y tolerancia, donde cada uno se siente cómodo con el otro. Y encuentra además, la tranquilidad, el contento, y la comodidad en la compañía del otro. El Corán describió esta relación de amor, armonía, confianza y compasión entre los hombres y las mujeres con los términos más conmovedores y elocuentes:

[Y entre Sus signos está haberos creado esposas de entre vosotros para que encontréis en ellas sosiego, y puso entre vosotros amor y misericordia...] (30:21)

Este es el más fuerte de los vínculos mediante el cual Allah une a los dos cónyuges musulmanes, quienes se juntan sobre las bases del amor, la comprensión, la cooperación y el consejo mutuo, y establecen una familia musulmana donde los hijos vivirán, crecerán, y desarrollarán el buen carácter y comportamiento enseñado por el Islam. La familia musulmana es el componente más fuerte de una sociedad musulmana, cuando sus miembros son productivos y constructivos. Y cuando se ayudan y alientan unos a otros, para ser buenos y justos, y para competir en buenas acciones.

La mujer correcta es el pilar, la piedra angular y el fundamento de la familia musulmana. Es vista como la mayor alegría en la vida de un hombre, como lo dijo el Profeta :

"Este mundo es solamente de conveniencias temporales, y el mejor consuelo en este mundo es una mujer piadosa".[1]

Una mujer justa es la mayor bendición que Allah puede dar a un hombre, gracias a la cual podrá encontrar el consuelo y el descanso después de una lucha extenuante por ganarse la vida en el trabajo. Con su esposa, él puede encontrar tranquilidad y placer incomparables.

¿Cómo puede ser la mujer el mejor consuelo en este mundo? ¿Cómo puede ser la mujer exitosa, fiel a su propia feminidad, honrada y amada? Esto es lo que será explicado en las siguiente páginas:



[1] Sahîh Muslim 10/56, Kitâb ar ridâ‘, bâb istihbâb nikâh al bikr.

Ella trata a sus padres cariñosamente

La mujer musulmana que haya abrazado los valores del Islam es amable y respetuosa hacia sus padres, los trata bien y escoge los mejores modos de hablar y tratar con ellos. Ella les habla con toda cortesía y respeto, y los rodea con toda la honra y cuidado, bajando el ala de la humildad para ellos, como fue ordenado por Allah en el Corán. Ella jamás pronuncia una palabra de desprecio o queja hacia ellos, no importa cuáles sean las circunstancias, siempre hace caso a las palabras de Allah :

[Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto. Trátales con humildad y clemencia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño.] (17:23-24)

Si uno de los padres, o ambos a la vez, están desviados del verdadero Islam de alguna manera, la hija musulmana respetuosa debe aproximarse a ellos de una manera gentil y sensible para disuadirlos de su error. No debe condenarlos duramente, sino tratar de convencerlos con pruebas sólidas, palabras prudentes y paciencia, hasta que ellos vuelvan hacia la verdad, en la cual ella cree.

A la mujer musulmana se le pide tratar a sus padres bien, aunque sean mushrikûn. Ella no olvida que está obligada a tratarlos bien a pesar de su shirk (idolatría). Aunque sabe que el shirk es el peor de los pecados, esto no le impide tratar a sus padres como corresponde, de acuerdo a la extraordinaria tolerancia de la Sharî‘ah del Islam.

[Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis. Si vuestros padres se esfuerzan por hacer que Me asociéis copartícipes no les obedezcáis, pues es sabido que carecen de fundamento válido, pero tratadles con respeto. Seguid el camino de los piadosos, pues ante Mí compareceréis y os informaré de lo que hacíais.] (31:14-15)

El afecto y respeto hacia nuestros padres es una cuestión importante en el Islam, pues surgen del más vigoroso de los vínculos humanos, el vínculo de un hijo para con su madre o padre. Pero este lazo o vínculo, al ser tan grande, debe situarse en segundo término después de los vínculos de fe. Si los padres fueran mushrikûn, y ordenarán a su hijo o hija a unirse a ellos en su shirk, en esta circunstancia el hijo o hija no deberá obedecerlos. No hay obediencia a un ser creado que ordene desobedecer al Creador; ningún otro vínculo puede substituir al de la fe y la creencia en Allah . Sin embargo, los hijos, todavía están obligados a honrar y cuidar de sus padres.

La musulmana es afectuosa y respetuosa con sus padres, en todas las circunstancias, y no escatima ningún esfuerzo para hacerlos felices, tanto como pueda y enmarcado dentro de los límites del Islam.

Por tal razón, se asegura de su bienestar regularmente, ofreciendo sus servicios, visitándolos a menudo y saludándolos con una sonrisa jovial, un corazón cariñoso, encantadores regalos y palabras de afecto.

Así es como cuida de ellos durante sus vidas. Después de su muerte, ella demuestra su amor y respeto orando por ellos, dando caridad en su nombre, y cancelando cualquier tipo de deudas que puedan haber tenido con Allah y con terceros.

Tratar a nuestros padres con afecto y respeto es una de las actitudes esenciales de los hombres y mujeres musulmanes. Esta noble actitud debe ser progresiva y continua, no importa cuán elevado sea el costo de vida, y no importa cuánta cantidad de obligaciones y responsabilidades tenga una persona.

Esta postura, es un indicio de las ricas emociones que todavía existen en las tierras musulmanas, Al Hamdulillah, y es una prueba de la gratitud que los hombres y mujeres musulmanes sienten hacia la generación más vieja, la cual hizo tantos sacrificios por sus hijos, cuando ellos necesitaban de palabras afectuosas y consoladoras, y de una mano que los ayudara.

Esta actitud protegerá a la persona, sea hombre o mujer, de la indiferencia y la ingratitud. Lo que es más, les abrirá los portales del Paraíso.

Su madre viene primero, luego su padre

El Islam alentó el respeto y el afecto hacia los padres. Algunos textos tratan sobre la madre y el padre separadamente; pero tomando todos los textos en su conjunto, en realidad, prescriben un saludable balance en la atención de los hijos hacia sus padres, para que el respeto a uno no sea en detrimento del otro. Algunos textos hasta confirman que a la madre se le debe otorgar prioridad por encima del padre.

Cuando un hombre vino a dar la bai‘ah y a ofrecerse para tomar parte del yihâd, el Profeta le preguntó: "¿Alguno de tus padres está vivo?". Esto indica claramente que el musulmán está obligado al buen trato de sus padres por igual. Similarmente, a Asmâ', le fue encomendado mantener contacto con su madre, a pesar de ser mushrikah.

Un hombre fue hasta donde estaba el Profeta y le preguntó: "¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Quién de entre la gente es el más merecedor de mi buena compañía?" Él respondió: "Tu madre". El hombre preguntó nuevamente: "¿Y luego quién?" El Profeta dijo: "Tu madre". El hombre preguntó por tercera vez: “¿Y luego quién?” El Profeta dijo: “Tu madre”. El hombre preguntó de nuevo: "¿Y luego quién?" El Profeta dijo: "Luego tu padre".10

Este Hadîz confirma que el Profeta dio prioridad al tratamiento amable a nuestra madre por encima del tratamiento amable para con el padre, y los Sahâbah solían recordar esto a los musulmanes, después de la muerte del Profeta . Ibn ‘Abbâs, un gran sabio y faqîh de esta Ummah, consideró el tratamiento afectuoso a la madre como la mejor obra que nos acerca a Allah . Cierta vez, un hombre se presentó ante él y dijo: "Pedí la mano de una mujer para contraer matrimonio, y ella me rechazó. Otra persona le pidió la mano y ella aceptó y se casó con él. Me sentí celoso, así que la maté. ¿Acaso podrá ser aceptado mi arrepentimiento?” Ibn ‘Abbâs le preguntó: "¿Tu madre aún está con vida?" Él contestó: "No". Entonces le dijo: "Arrepiéntete ante Allah y haz lo mejor posible para estar más próximo a Él”.

‘Atâ' Ibn Iasâr, quien narró este relato de Ibn ‘Abbâs, dijo: "Fui y pregunté a Ibn ‘Abbâs: ‘¿Por qué le preguntaste si su madre aún vivía?’ Él contestó: ‘Porque no conozco otro acto que acerca más a la gente a Allah que el trato amable y el respeto hacia la madre’".11

El Imâm Al Bujâri abre su libro Al Adab Al Mufrad con un capítulo sobre el respeto y la amabilidad hacia los padres (birr al uâlidain), en el cual coloca la sección sobre el buen trato a la madre antes de la sección del buen trato para con el padre, algo compatible con las enseñanzas del Profeta al respecto.

El Corán evoca sentimientos de amor y respeto en el corazón del hijo o hija, y lo alienta a él o a ella a tratar bien a sus padres. Por otra parte, se refiere a la madre de una manera más gentil y compasiva, otorgándole prioridad por el embarazo, el amamantamiento, y los dolores y molestias que sufre durante esos dos estados. Reconoce además su noble sacrificio y su gran ternura y cuidado.

[Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis.] (31:14)

¡Qué enseñanza tan suprema! ¡Qué humana y compasiva dirección! [Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres...] Mostrar gratitud a los padres por lo que han hecho por sus hijos viene en segundo lugar, precedido solamente por la gratitud hacia Allah , y esto constituye uno de los mejores actos honrados que podamos realizar. ¡Qué elevada condición otorgó a los padres esta religión!

Ibn ‘Umar vio a un hombre yemení circunvalando la Ka‘bah, mientras llevaba a su madre. El hombre le dijo: "Soy como un camello domesticado para ella: La he cargado más de lo que ella me ha cargado. ¿Tú piensas que se lo compensé ¡Oh, Ibn ‘Umar!?” Él contestó: "No, ni siquiera una contracción".12

Cada vez que ‘Umar Ibn Al Jattâb veía el ejército del Yemen les preguntaba: "¿Hay algún Uais Ibn ‘Âmir entre vosotros?” Hasta que al fin encontró a Uais, entonces le preguntó: "¿Eres tú Uais Ibn ‘Âmir?" Uais contestó: "Sí". ‘Umar preguntó: "¿Eres tú del clan de Murâd en la tribu de Qaran?" Uais respondió: "Sí". ‘Umar le preguntó: "¿Tú tuviste lepra y luego te curaste de ella, a excepción de un área (de su cara) del tamaño de un dirham?". Uais respondió: "Sí" ‘Umar le hizo una última pregunta: "¿Tienes madre?" Uais contestó: "Así es". Luego, ‘Umar dijo: "Escuché al Mensajero de Allah decir: 'Vendrá a ti con el ejército del Yemen un hombre llamado Uais Ibn ‘Âmir del clan de Murâd de la tribu de Qaran. Él tuvo lepra pero fue curado de ella, excepto por un grano del tamaño de un dirham. Él tiene una madre, y siempre la ha tratado con afecto y respeto. Si él implora a Allah, Allah cumple su deseo. Si tú puedes pedirle que pida perdón, entonces hazlo.' Por eso pide a Allah que me perdone". Entonces, Uais pidió a Allah que lo perdonara. Luego, ‘Umar le preguntó: "¿Dónde vas?". Uais le contestó: "A Al Kûfah" ‘Umar le dijo: "¿Debo escribirte una carta de recomendación para el gobernador de Al Kûfah?" Uais le respondió: "Yo prefiero ser anónimo entre la gente."13

¡Qué condición tan elevada alcanzó Uais por la virtud de su afecto y respeto hacia su madre, para que el Profeta recomendara a sus Sahâbah buscarlo y pedirle que orara por ellos!

Todo esto señala la elevada condición a la que el Islam ha realzado la posición de la maternidad, pues otorgó prioridad a la madre sobre el padre. Al mismo tiempo, el Islam concedió una gran importancia a ambos padres, y prescribió el afecto y el respeto para ambos.

Una mujer puede disfrutar una vida de tranquilidad y holgura en la casa de su marido, y puede mantenerse tan ocupada con su marido y sus hijos, disponer de poco tiempo para compadecerse de sus padres, visitarlos para ver cómo están, y tratarlos bien. Pero la verdadera musulmana está a salvo de estos graves errores, al leer las recomendaciones del Corán y la Sunnah en lo relativo a los padres. Por eso les presta la debida atención visitándolos a menudo para ver cómo se encuentran, y esforzándose en tratarlos bien, siempre que su energía, tiempo y circunstancias se lo permitan y tanto como ella pueda.



10 (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 13/4, Kitâb al birr ua as silah, bâb birr al uâlidain.

11 Relatado por Al Bujâri en Al Adab Al Mufrad, 1/45, bâb birr al umm.

12 Relatado por Al Bujâri en Al Adab Al Mufrad, 1/62, bâb yazâ' al uâlidain.

13 Sahîh Muslim, 16/95, Kitâb fadâ'il as sahâbah, bâb min fadâ'il Uais Al Qarani.

Ella es extremadamente cuidadosa de no desobedecerlos

Así como a la musulmana le urge tratar a sus padres con afecto y respeto, también es temerosa de cometer el pecado de desobedecerlos, al darse cuenta de la enormidad de este pecado, el cual es contado como uno de los mayores pecados (Al kabâ'ir). Ella es consciente del aterrador cuadro que el Islam pintó de una de las personas que desobedecieron a sus padres, y esto le hace revolver su consciencia y suavizar cualquier aspereza del corazón o sentimiento severo que puede estar albergando en su corazón.

El Islam establece una comparación entre la desobediencia a los padres y el crimen de asociar copartícipes a Allah , así como establece un vínculo entre la verdadera fe en Allah y el tratamiento respetuoso a los padres. La desobediencia hacia nuestros padres es una falta horrenda que la verdadera musulmana odiará cometer, al ser el más grande de los pecados mayores y el peor de los errores. Abû Bakrah Nufai‘ Ibn Al Hâriz dijo:

"El Mensajero de Allah nos preguntó tres veces: '¿Acaso os debo decir cuál es el mayor de los pecados?'. Nosotros dijimos: ‘¡Sí, Mensajero de Allah!". Él dijo: 'Asociar copartícipes a Allah y desobedecer a vuestros padres'".9



9 (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 13/15, Kitâb al birr ua as silah, bâb tahrîm al ‘uqûq.

Es afectuosa y respetuosa hacia sus padres, aunque no sean musulmanes

El Profeta elevó sus enseñanzas hacia un nuevo pico, cuando prescribió a sus seguidores tratar a sus padres con afecto y respeto, aunque fueran adeptos a otra religión. Esto está claro en el Hadîz de Asmâ' Bint Abî Bakr As Siddîq , quien dijo:

"Mi madre vino a mí, y ella era una mushrikah, en la época del Profeta . Entonces, le pregunté al Profeta : 'Mi madre ha venido a mí y necesita mi ayuda ¿Debo ayudarla?’ Él contestó: ‘Si, mantén contacto con tu madre y ayúdala’"8

La verdadera musulmana que comprende el significado de esta guía coránica y las enseñanzas del Profeta , no puede sino ser la mejor y la más afectuosa entre todas las personas hacia sus padres, en todo momento. Ésta era la práctica de los Sahâbah, y de quienes los seguían con sinceridad. Un hombre le preguntó a Sa‘îd Ibn Al Musaiiab : "Comprendo todas las aleyas acerca de la amabilidad y respeto hacia los padres, con la excepción de la frase [...háblales con dulzura y respeto...] ¿Cómo puedo hablarles con dulzura y respeto?" Sa‘îd le contestó: "Significa que debéis dirigiros hacia ellos como el siervo se dirige a su amo." Ibn Sîrîn solía hablar a su madre con una voz suave, como la de una persona enferma, por respeto a ella.



8 (Al Bujâri y Muslim), Ver Sharh As Sunnah, 13/13, Kitâb al birr ua as silah, bâb silah al uâlid al mushrik.